sábado, 25 de noviembre de 2017

El poder de la palabra 6x09 - Economía humana

Economía humana

No cabe duda que la economía es el motor del avance de cualquier pueblo o nación, pues desempeña la función de sostener, impulsar y dinamizar las actividades propias que realizan. Cualquier actividad o empresa que se quiera desarrollar, llámese la agricultura, la ganadería, la artesanía, la industria o la tecnología, necesitan de una economía que la sostenga y articule. Esto lo saben bien las élites y actualmente gran parte de la economía mundial está en manos del sionismo cabalista y opresor, dominando con su control e influencia la practica totalidad de la actividad de los pueblos.

Es por eso que, si de verdad queremos una economía que sirva a la Humanidad y no que el humano sea sirviente y esclavo de la economía, necesitamos primero exigir y luego implantar unas simples reglas, que son más de sentido común que de complicadas estrategias financieras, pues primero están las necesidades del Humano, y luego están los sistemas, los cuales deben ser adaptados para cubrir estas necesidades.

Todo país o nación, mientras no pueda prescindir del dinero como medio de intercambio, debe poder fabricar su propia moneda en la que basar su economía. De no hacerlo así, siempre estará en manos de quienes la crean y distribuyen, de su especulación y manipulación, por lo que su independencia económica es básica y fundamental. Toda moneda y su fabricación tiene que ser respaldada por cosas reales, por recursos y bienes naturales, para que no sea ficticia e irreal.

Todo Humano, por nacimiento, tiene derecho a una parcela o vivienda, algo que toda Constitución reconoce, pero en la práctica no se cumple; así como tener derecho a los servicios básicos como es la luz, el agua, el gas o las comunicaciones, los cuales no podrán ser cortados ni aún por falta de pago, como ocurre con las actuales empresas suministradoras, la mayoría privadas, que solo las mueve un ánimo de lucro, sino que, al tratarse de servicios básicos y esenciales para el ser humano, deben ser gestionadas por empresas públicas del pueblo y para el pueblo, cuyo fin es dar un servicio que cubre una necesidad, en ningún caso para lucrarse a su costa.

Cualquier país o nación tiene sus propios recursos naturales, su propia producción, fabricación y elaboración de sus materias primas, los cuales forman parte intrínseca y autóctona de la región que habita, y por tanto deben ser protegidos, promovidos y salvaguardados. Esto quiere decir que tendrán preferencia absoluta ante cualquier producto de importación de similares características, pues un gobierno que no ampara y protege su propios recursos termina cayendo en manos, y dependiendo, de los recursos ajenos y las multinacionales sin escrúpulos.

Promover y proteger la fabricación propia también conlleva evitar la especulación desmedida, ya que como sabemos suele ocurrir que las empresas intermediarias y de distribución de ventas son las que terminan llevándose los mayores beneficios, imponiendo sus condiciones y elevando el precio final que termina pagando el comprador y perjudicando al productor. La relación del coste de producción, distribución y venta debe estar balanceada para que el precio final del producto pueda estar al alcance de todos, cumpliendo así su función, y no solo para unos pocos.

Cualquier impuesto que sea necesario pagar será satisfecho por todos, sin excepciones, y con la única finalidad de cubrir e impulsar la producción propia, en ningún caso para el enriquecimiento de particulares, empresas o políticos.

Un pueblo de verdaderos Humanos está basado en la cooperación y la colaboración mutua, donde los que sufren necesidades son los primeros en ser ayudados y el sufrimiento de unos pocos lo hacen propio los demás, convirtiéndose la consideración hacia el prójimo en la unión y la fuerza del Espíritu Colectivo donde todos avanzan y nadie se queda atrás, siendo la suma de las partes un todo para un pueblo unido. Es por ello que el pueblo debe convertirse en parte activa del gobierno y no sujetos pasivos del sistema a expensas de las decisiones de unos pocos gobernantes. Los políticos son los ejecutores de la voluntad del pueblo, pero éste, el pueblo, debe participar de las tareas y las decisiones del gobierno, sin castas, sin discriminaciones, sin privilegios, compartiendo todos de las mismas condiciones de empleo y sueldo, formando así una Economía Humana donde prime la colaboración, el respeto y el bien común.

Una economía de producción propia genera beneficios, pues el esfuerzo, el trabajo y los bienes que produce revierten en la comunidad y repercuten en el mismo pueblo. Cuando no se permite la especulación, la usura y las discriminaciones, cuando la inversión privada no se antepone a los servicios públicos, y cuando los que gobiernan no disponen de privilegios sino que participan de los mismos sueldos e ingresos básicos aprobados para todos, el endeudamiento es prácticamente nulo y una verdadera Economía Humana fluye, porque las necesidades están cubiertas y el excedente solo puede repercutir en la mejora y el progreso de todos.

En cuanto a los derechos de los trabajadores, no se compliquen, son los derechos del Humano, e iguales para todos, los cuales deben ser reconocidos por ley como norma fundamental. Por tanto, son innegociables, no podrán ser restringidos o eliminados. Se priorizará la vocación, las aptitudes y las capacidades de cada uno. Todos tendrán derecho y acceso a un trabajo digno, y con la aplicación de las energías y tecnologías libres se verá reducida la jornada laboral sin pérdida de beneficios, posibilitando que el tiempo disponible, la compañía y el disfrute hagan de esta una existencia más Humana.

Esta Economía Humana es solo un diseño, sin entrar en profundidades, pero cualquier edificio que se precie, antes de ser construido, lo fue. Toda construcción física antes de existir fue una idea, y para que estos principios de Humanidad lleguen a ser una realidad palpable y visible solo necesitan de la fuerza mental y energética de un pueblo para traerla a manifestación. Es cuestión de creer que es posible, de recordar, de suplir deseos por necesidad y no seguir sosteniendo la mentira en que vivimos. Y luego, con voluntad y unión, pasar a la Acción.

Ángel .º.

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