sábado, 21 de abril de 2012

LEVEL 3

En 1981 una compañía llamada Sinneslöschen lanza al mercado una consola de juegos arcade  tradicional. Siete máquinas de este videojuego ―llamado “Polybius”― se distribuyeron en algunos salones recreativos de los suburbios de la ciudad de Portland, en el estado de Oregón, EE.UU. El nombre de la supuesta compañía creadora del juego era a su vez una advertencia de lo que se avecinaba: Sinneslöschen, es un vocablo alemán que podría traducirse como “pérdida de memoria” o “inhibición sensorial”.

El juego consistía en una combinación de sonidos, luces y gráficos estroboscópicos, con mensajes subliminales. Sus efectos eran demoledores en el subconsciente humano: brotes epilépticos, mareos, pérdidas de memoria, nauseas, alucinaciones, e incluso terribles pesadillas. Hay quien habla incluso de intentos de suicidio propiciados por los supuestos mensajes subliminales del juego, e incluso algunos aseguraban haber visto caras demoníacas al mirar indirectamente la pantalla del juego, que desaparecían al fijar la mirada. Oían voces ininteligibles, gritos aterradores, quejidos de dolor o pánico y hasta voces femeninas diciendo entre sollozos frases como: ¿por qué me haces daño?

El juego era enormemente adictivo al principio, pero al poco tiempo despertaba en el jugador, un odio irracional. Cuanto más se jugaba, más se generaba en el jugador la incapacidad de recordar en qué consistía el juego, hasta el punto que el jugador prácticamente no llegaba a recordar nada del mismo después de un tiempo. Se creía que la compañía Atari tenía contratos secretos con el gobierno norteamericano y que la supuesta compañía alemana Sinneslöschen era una empresa fantasma bajo la que se escondía la propia Atari. En otras palabras, una pantalla para enmascarar un experimento secreto llevado a cabo por el gobierno sobre el sector más joven de la población. Transcurrido tan solo un mes desde la colocación de las máquinas, un niño de 13 años murió de un ataque epiléptico mientras jugaba al juego. Al día siguiente, empleados de la compañía, vestidos de negro, ―que era como usualmente se presentaban a chequear y tomar notas de la opinión de los jugadores― acudieron a todas las salas en donde se había instalado el juego y desmantelaron todas las unidades, haciéndolas desaparecer para siempre. 

Esta historia ―que raya lo fantástico― es una de las más populares leyendas urbanas del mundo de los videojuegos. Se han oído todo tipo de versiones, pero la más repetida ―y seguramente real― es que se trató de un experimento del ejército americano, y que fue usado como ensayo en métodos de control mental, en plena Guerra Fría. Más allá de la realidad o la ficción, el juego realmente existió y fue retirado al poco tiempo del mercado de las consolas de videojuegos, por causas desconocidas. Mi opinión al respecto es que fue la prueba de campo de la primera etapa del tercer nivel de control mental: la hipnosis social. 

No por casualidad dije en el artículo anterior que era hora de pasar a un tercer nivel en el juego, porque desde este momento pasamos a la etapa más difícil de todas, la de intentar despertarlos del trance hipnótico inducido en que se encuentran sumergidos, que no les permite ver la realidad de la realidad. Será una batalla no solo de su espíritu sino de su mente, donde tendrán que luchar para lograr ver lo que no ven porque han sido hipnotizados. Será una etapa donde la interacción y la imaginación serán la base del trabajo, muy similar al artículo “el juego”, con la diferencia que daré información de alto contenido, ―digamos “antisocial”― que producirá fuertes choques mentales, y sobre la que ustedes tendrán que trabajar para ver más allá de la hipnosis. Tienen la capacidad, tienen las herramientas, tienen los materiales, ahora veamos si tienen la voluntad y la fuerza para verse desnudos ante los demás y no desfallecer en el intento. Comencemos pues el «des-polybius level 3». 

El noventa y ocho porciento (98%) de todo el contenido multimedia está destinado a producir en la ciudadanía un estado de hipnosis endémico que la mantiene idiotizada a tal punto, que puede pasar cualquier cosa delante de sus narices y no darse cuenta. Este porcentaje es en realidad un término variable y depende directamente del primer paquete de datos que transmití en los comienzos del blog:

"El noventa y ocho por ciento (98%) de la población mundial tiene instalado un obsoleto sistema operativo, Windows 95, incapaz de procesar datos; del dos por ciento (2%) restante, el noventa y cinco por ciento (95%) tiene instalados Windows 98, XP o Vista, con posibilidades de procesamiento de datos; del cinco por ciento (5%) restante la mayoría tiene instalado Windows 7, sin ningún problema de procesamiento; y un porcentaje indefinido dispone de un sistema operativo no conocido por el hombre"

Según en que porcentaje se encuentre usted ubicado, dicha variable disminuirá hasta cifras imperceptibles. El secreto está en que, conocido el truco, se pierde la magia. Aunque el porcentaje sea del 100%, no le influenciará en lo más mínimo, porque verá al conejo escondido en la galera .

Todo lo que usted, su familia o sus hijos consumen, sea TV, música, radio, videos e internet, es basura destinada a mantener su estado de hipnotismo social, manteniéndolos a todos en un eterno sueño de estupidez. Viven por impulso, consumen por impulso, opinan por impulso, piensan por impulso, protestan por impulso, se quejan por impulso, se visten por impulso, buscan por impulso, encuentran por impulso y creen por impulso. Por consiguiente, el 98% de sus necesidades, opiniones, gustos, ideas, moral, espiritualidad, deseos, etc. es falso, producido por su estado de hipnosis endémico. Hay en la red un video muy representativo de la hipnosis social y su consecuente estupidez, se puede encontrar fácilmente usando la búsqueda “El gobierno explicado”. En él, un ciudadano le intenta explicar a un extraterrestre qué es el gobierno, y este le hace ver, o por lo menos analiza de forma coherente, la estupidez del hombre y su ridícula organización política. Este ejemplo es además extrapolable a todo el conjunto social, incluidas las religiones, ciencias, educación, moral, medicina, etc. Usted ve una propaganda que le dice que consumir un determinado lácteo, con determinadas propiedades es bueno para su colesterol, o su ritmo intestinal, o que contiene calcio para sus huesos, o que ayuda al sistema inmunológico de sus hijos, y sale como un zombi al supermercado más cercano a comprar la basura que en realidad terminará por enfermarlo. Usted ve otra propaganda donde un odontólogo le dice que use determinada pasta dental porque es buena para prevenir sus caries, y la usa cuatro veces por día, y claro, es buena para sus caries porque las produce, el flúor y otros componentes le destruyen el esmalte dental y los odontólogos bailan en una pata. Usted escucha que tiene un tanto por ciento de descuento en “piringundines” si los compra con su tarjeta de crédito, y por las dudas compra “piringundines” para usted, sus hijos y sus nietos, sin tomar en cuenta que usa su ridícula tarjeta de crédito porque “es cómoda, da estatus y ahorra dinero”, sin saber que le sale cien veces más caro por los intereses y mantenimientos que le cobran al año, además que está facilitando ―sin saberlo― diversa información sobre sus gustos, nivel de vida, nivel económico, movimientos, viajes, etc., información que obtienen de usted por medio de su uso. Un grupo de descerebrados saca un tema musical donde hacen apología del delito, la droga, el sexo y la bebida, y a la semana está sonando en toda radio, reproductor, mp3, mp4, mp5… y todo lo que tenga sonido, sin siquiera darse cuenta que le están grabando un programa a sus hijos en el subconsciente para que el dia de mañana sean ellos los que delincan, se droguen, se prostituyan y se alcoholicen, porque lo ven normal, lógico y “de onda”. 

Mientras por un lado usted está sumergido en la búsqueda de la verdad, el despertar, el cambio de era, de realidad, de Matrix, de saltos de octavas, de 21 de diciembre de 2012, y solo usted sabe que cantidad de “imaginaciones” más, sigue sumergido en todo lo que el sistema le impone, porque no ve o no quiere ver su patética existencia y manipulación, permitiendo que lo sigan hipnotizando o idiotizando ―tanto a usted como a los suyos― una y otra vez. Le voy a dar un ejemplo muy claro de hipnotismo social. Las dos marcas más conocidas de gaseosas ―Coca-Cola y Pepsi― se las venden como competencia la una de la otra, pero en realidad Coca y Pepsi son de la misma empresa, de los mismos dueños (Grupo Rockefeller) y tienen los mismos componentes cancerígenos, adictivos e inhibe-receptores del sistema nervioso central, además de producir todo lo explicado en el artículo “Conociendo como funciona el engaño”. Si yo le doy a tomar Pepsi en una botella de Coca, usted no notaria la diferencia de gusto y sabor, porque es la misma fórmula embotellada de distinta manera y la diferencia de gusto se la da su mente a través del hipnotismo social. Lo importante es que usted consuma, sea de la forma que sea, porque después entran en juego los laboratorios farmacéuticos cuando usted se enferma. Todo es una gran máquina que funciona en base a que usted siga hipnotizado y consumiendo todo tipo de mercadería innecesaria, social, económica, ideológica, política, espiritual, etc. 

Dicen que no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos, y es completamente cierto: primero tiene que romper para después armar. Le dijeron que necesitaba y usted creyó que necesitaba, le dijeron que no podía y usted creyó que no podía, le dijeron que era un ciudadano y usted creyó que era un ciudadano. Usted no necesita: usted puede. Usted no es un ciudadano, usted es un Humano, y nadie puede decirle qué necesita, qué puede y qué es, porque usted es la creación, usted es la vida, usted es el Ser, usted es el “Do”manifestado, igual que todos sus congéneres, y puede vivir sin nada o por lo menos con lo mínimo indispensable. Basta de bancos, de cheques, de tarjetas, de consumos innecesarios, de autos último modelo, de celulares de última generación, de la ropa de moda, de la música que se escucha, de lo que dice el estúpido de turno en la radio o televisión, de lo que opina el corrupto político, de programas basura, de seguir a la manada, de vivir hipnotizados por infinidad de Polybius a la vuelta de la esquina y distribuidos en cada medio. Todo esto es paradójico, porque falta poco tiempo y a la vez una eternidad, y usted tiene nada y todo para deshipnotizarse, porque, aunque usted ahora no lo entienda, está dentro del mismo juego de Atari que en 1981 pusieron a funcionar en siete consolas arcade, en Portland, Oregon, Estados Unidos. 

Nota:
Si le interesa ser manipulado, puede descargar una versión reconstruida del juego Polybius desde aquí bajo su exclusiva decisión y responsabilidad. 

El botón de Whatsapp funciona solo en dispositivos móviles

Comienza a escribir y presiona Enter para buscar