miércoles, 6 de julio de 2016

El poder de la palabra 3x10 - De ataques, egos y otras disonancias

De ataques, egos y otras disonancias

Vivimos en un entorno difícil, donde la consciencia subjetiva es la dominante, y el ego su secuaz más eficaz. En estas condiciones, el caldo de cultivo siempre le estará propicio a la reacción, al alimento de la falsa imagen del yo, al hacer lo que yo quiero frente a lo mejor para todos, a mi consideración personal frente a la consideración al prójimo.

Continuamente estamos expuestos a los ataques, a los egos, propios y ajenos, a las equivocaciones, a pesar de la buena intención y, por supuesto, a los distintos puntos de vista que sobre un mismo asunto podamos tener con la particular decodificación de cada uno. Todo ello forma parte de nuestra personalidad, de la convivencia y las relaciones interpersonales.

La mejor manera de afrontar estas situaciones es no bajar la guardia, incluso cuando estamos convencidos que actuamos correctamente, pues que nos anime una intención noble no garantiza que su ejecución y desarrollo estén exentos de contaminación y deseo. Aún así, cada nueva octava emprendida será susceptible de elementos variables y diferenciales, que pueden obstaculizar o desviar el propósito final.

Pero si el estado interior, además de mantener la guardia, está enfocado hacia el aprendizaje continuo y la ampliación de la esfera de consciencia, cada posible ataque, infiltración del ego o equivocación se convertirá en una posibilidad de crecimiento, en vez de tomarlo como un obstáculo o frustración. Convirtiendo así lo que pudiera ser un contratiempo en una oportunidad de mejorar.

Por mucho que nos esforcemos en manejarnos lo mejor posible en la vida, las disonancias aparecerán con mayor o menor frecuencia. Es algo que no podemos cambiar en nuestro ámbito de influencia, pero lo que sí podemos llegar a dominar es la actitud interna con la que afrontamos dichas disonancias, no tomándolas como causa de sufrimiento y ofuscación, sino como retos y oportunidades de aprendizaje. El bien y el mal son conceptos relativos y sometidos a la subjetividad y tomarnos las cosas como cuestiones personales es actuar dentro de la limitación. Si nos posicionamos desde la neutralidad, todo hecho acaecido, con independencia del tinte con que se vista, se convierte en un estímulo de la amplitud de consciencia.

Cada disonancia propia o ajena puede ser el agente que señala la fisura, la palanca que destapa lo oculto, el instructor que te enseña la prueba, el maestro que te ofrece la enseñanza. Cada disonancia propia o ajena puede ser la materia prima que proporciona la posibilidad de la alquimia, del oro interno.

Enemigo mío, pues mío eres y mío te siento, agradezco tu labor como el hierro forjado a los golpes y al calor. Te disfrazas de ramera, de pordiosero y de vagabundo... de inocente, de monje y de santo... de compañero, de amigo y hasta de hermano. ¿Cuántas caras vas a mostrarme ?... ¿Cuántas formas utilizarás para camuflarte ante mis ojos?...

Reconozco tu astucia camaleónica y tus urdidas estrategias de sinuosa elaboración, percibo tu esforzada actitud sigilosa que pretende infiltrarse de puntillas hasta el mismo corazón. Con todo ello justificas mi sistema de alarmas que no debo desactivar.

Me atacas en lo físico con dolor, en el reino de los sentimientos donde tocas la fibra sensible, y en el laberinto intrincado de la mente provocando confusión. Me hieres, me dañas y me atormentas... me engañas, me manipulas y me sometes... me derribas, me robas y me traicionas sin ninguna consideración

Gracias enemigo mío, porque me volví a levantar más fuerte con cada caída, hasta el día en que ya no podrás volverme a derribar.

Se despide de ti, tu enemigo

Ángel .º.

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