miércoles, 13 de enero de 2016

Rasgando la realidad 2x11 - Los cinco venenos blancos parte uno

Los cinco venenos blancos parte uno

Son alimentos que consumimos día a día, pensando que son productos saludables. Sin embargo, la sal de mesa refinada, el azúcar refinado, la harina refinada, el arroz blanco y leche de vaca pasteurizada son también llamados ‘los 5 venenos blancos’. Tienen poco o ningún valor nutricional y son causantes de diferentes enfermedades que son consideradas graves, pues son degenerativas.

A continuación, descubrirán cómo es posible que productos alimenticios que han sido la base de la alimentación de generaciones sean la causa de serios problemas de salud.

Están presentes en la mayoría de nuestras comidas, ya que ignoramos que nos provocan problemas de salud. Ni siquiera nos aportan los nutrientes que creemos.

Podría pensarse que decir esto es una exageración, ya que, a partir de una cierta edad, todos conocemos o hemos conocido a algún ancestro que tuvo una vida larga y saludable, consumiendo estos productos.

La explicación a es muy sencilla. Estos 5 alimentos pasan a ser considerados venenos tras ser sometidos a procesos de refinado en los que se les despoja de su valor nutricional.

Lo cierto es que solemos tomarlos por la fuerza de la costumbre. Endulzamos, salamos o enharinamos alimentos porque así lo hacían nuestros abuelos, y luego nuestros padres. No hay otro motivo, ya que no es algo necesario para estar bien nutrido. Sin embargo, hemos visto como nuestros mayores eran cada vez más vulnerables a enfermedades del corazón, colesterol, diabetes, obesidad, hipertensión, asma, alergias, etc., sin que supiéramos qué provoca su aparición. Problemas de salud que se han agudizado con el paso de los años y que afectan a más personas y cada vez a más temprana edad. Estudios recientes relacionan estas enfermedades con el uso de estos productos procesados.

A continuación analizaremos cada uno de los 5 venenos blancos y su posible sustitución por alternativas más saludables.

Comenzamos por el azúcar refinado. Lo primero sería aclarar que ni siquiera puede considerarse alimento, ya que es una sustancia química pura, extraída de fuentes vegetales como la caña de azúcar o la remolacha, a las cuales se les extrae el jugo eliminando toda la fibra y las proteínas, que forman el 90% de dichas plantas. Para dejar limpio el líquido que contiene el azúcar, se añade cal viva y esta reacción alcalina mata casi todas las vitaminas. Luego se añade dióxido de carbono para acelerar la cal y este líquido azucarado pasa por tubos que lo separan de las impurezas. Después, otro tratamiento con sulfato de calcio y ácido sulfúrico lo decolora y deja casi blanco.

El azúcar refinado ha sido despojado de cualquier nutriente, de modo que carece de proteínas, vitaminas, o minerales. Tampoco tiene enzimas, micro elementos, fibra o grasas. En conclusión, no tiene ningún beneficio para la alimentación humana.

Aporta energía, pero nada más. Esta se conforma de glucosa y fructuosa, que son necesarias para un óptimo funcionamiento del organismo. El problema está el modo de consumirlo, porque las frutas y verduras, por sí mismas, ya contienen lo que podemos necesitar. Los azúcares refinados son causantes de obesidad, de un desequilibrio nutritivo, caries y más. Como alternativa a estas calorías, la industria alimentaria nos ofrece sustancias nada saludables, en forma de edulcorantes químicos. Sustancias como el aspartamo, la sacarina y ciclamatos, también son dañinos, pues aumentan el riesgo de cáncer, y podemos encontrarlos en productos denominados light, como refrescos.

Los azúcares simples, presentes en verduras y frutas, son saludables y necesarios para el sistema nervioso central, para los músculos y para el cerebro.

Sin embargo, el azúcar, tanto refinado como sin refinar, es altamente adictivo, ya que su ingesta libera dopamina, el mismo efecto que produce la cocaína.

Habría que considerar que la industria alimentaria, nos provee también de otros azúcares, ocultos a simple vista, pero presentes en la mayoría de alimentos procesados, y que pueden llegar a ser el 80% de lo que contiene un alimento industrializado.

Es muy importante prestar atención a la etiqueta nutricional de los alimentos, con el fin de detectar los azúcares que pueda haber presentes, en forma de: sacarosa, sucralosa, miel de caña, jugo de caña, edulcorante de maíz, miel de maíz, dextrosa, fructosa, concentrados de jugo de fruta, glucosa, miel, azúcar invertida, maltosa, melaza, azúcar blanco refinado, molido, o en polvo, o bien azúcar moreno, refinado o integral. Los hay mejores y peores, pero siguen siendo azúcares cuando se descomponen dentro del cuerpo, con los perjuicios metabólicos que eso conlleva.

Si bien no es necesario para nuestra alimentación, más allá de la pura costumbre, si tomamos la decisión de usar algún endulzante, existen alternativas, calóricas o no, nutritivas y saludables, como la panela, la miel pura de abeja, la stevia natural, el sirope de arce o jarabe de agave, por nombrar algunos.

Respecto al arroz blanco, si bien es un alimento muy consumido durante siglos por una gran parte de la población, fue en el siglo XX cuando comenzó a refinarse. En este proceso al grano de arroz se le retira la capa exterior y el germen, eliminando así la mayoría de componentes nutricionales, como puedan ser fibras, y diversas vitaminas y minerales. Y básicamente lo que queda es el endospermo, que consiste principalmente en almidón, que al ser ingerido, es rápidamente metabolizado en glucosa, elevando así el índice glucémico en sangre, convirtiéndose luego la que el cuerpo no precisa en grasa. Además, igual que se produce un pico de glucosa, luego baja igual de rápido que subió, produciendo sensación de hambre. Ingerir con frecuencia este alimento aumenta el riesgo de contraer diabetes.

La alternativa lógica y saludable es consumirlo integral. De este modo nos beneficiamos de todo su valor nutricional. Además, al ser su asimilación más lenta, por un lado ayuda a mantener estables los niveles de glucosa, y por ende, la sensación de saciedad es más prolongada, no acabando en una abrupta sensación de hambre.

En cuanto a la sal refinada, es otro ejemplo de como algo saludable, en este caso la sal, puede transformarse en un producto tóxico. La diferencia entre la sal marina integral y la moderna sal de mesa refinada, es tremenda. La sal es el residuo sólido que queda al evaporarse el agua de mar. Este residuo está compuesto por los 84 elementos estables de la tabla periódica.

El cloro y el sodio son los principales elementos cuantitativos, representando casi el 90% de su composición. Pero la importancia cualitativa de ese 10% restante es verdaderamente extraordinaria, ya que en el agua de mar se encuentran en la misma proporción que el plasma sanguíneo, solo que en una concentración 4 veces superior. De modo que ingerir una mezcla de ¾ partes de agua dulce por 1 de agua de mar es muy saludable y nutritivo.

En el proceso de refinación industrial, la sal de mesa pasa por temperaturas muy altas, lo cual altera definitivamente su natural estructura cristalina”. Una vez liberado de “impurezas” (y por tanto del equilibrio iónico que le confieren los restantes 82 elementos), se obtiene el cloruro de sodio, muy apreciado por la industria química; También la industria alimentaria la incorporó como inhibidor de procesos de descomposición. La mayor parte de la producción de cloruro sódico está destinada a fines industriales no alimentarios. Sólo un pequeño porcentaje se destina como sal de mesa. Un dato a considerar es que el cloruro sódico no existe puro en la naturaleza. Biológicamente el organismo no reconoce estas sustancias refinadas y de extrema pureza; es más, las considera tóxicas por su reactividad. Irónicamente, por la misma razón que la industria aprecia al cloruro sódico (capacidad reactiva), el organismo lo rechaza. Volviendo al refinado, después de obtener el cloruro sódico, a este le añaden otros compuestos refinados.

El yodo y el flúor, ambos minerales tóxicos y reactivos en las formas antinaturales que se adicionan industrialmente. ¿En qué argumentos se basa este procedimiento?: resolver problemas tiroideos (yodo) y proteger la salud dental (flúor). Pero nadie toma en cuenta que el cuerpo no puede metabolizar la suplementación artificial de yoduros y fluoruros. Así que su consumo continuado puede traer consigo diversos problemas de salud, que pueden ser de hipertensión, alteraciones de la glándula tiroides, reacciones alérgicas, etc.

Al consumir sal marina o de roca sin refinar en nuestra dieta diaria, equilibramos y nutrimos nuestro organismo con minerales esenciales, obteniendo así numerosos beneficios para nuestra salud, como una buena contracción y expansión muscular, estimulación de nervios, buen funcionamiento de las glándulas suprarrenales y en otros muchos procesos biológicos.

Continuará...
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